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Quiero que sepas que hoy tembló...

Por si aún te cuesta entenderlo

Quiero que sepas que tembló...

Sí, y fue tan fuerte que las rocas se partieron y hasta la cortina más sagrada se rompió.

Pero no tengas miedo, que fué para bien. Todo ocurrió para dejar claro que el plan se había completado con éxito y sin fallas. 

Eso sucedió el día que Jesús murió en la cruz.

Antes de dar su último suspiro de vida exclamó: "¡Todo se ha cumplido!". Y luego de eso la tierra se oscureció y tembló tan fuerte que las rocas se partieron.

No solo eso, sino que se rompió la cortina del santuario del Templo. Y esto tiene un significado grande.

Esa cortina era la que separaba la gloria y la presencia de Dios, del pueblo común y corriente. Sólo los sacerdotes podían entrar dentro de ella después de un largo proceso de purificación.

Pero ahora, con la muerte de Jesús, esa cortina se rompía para siempre. Para que todos podamos acceder a la presencia misma de Dios sin restricción, por medio de la muerte de Jesús.

El plan se había completado con éxito, toda la obra y el esfuerzo habían llegado al objetivo esperado. 

Por eso, después de todo este largo cuento, mi intención es decirte que hoy temblaste, Venezuela, y que ciertamente las paredes se rompieron y muros cayeron.

Y no deja de ser un hecho triste para tus más afectados habitantes y para los que se compadecen de ti.

Pero tampoco significa que Dios te haya abandonado, ni castigado. Porque aquel día también tembló y las rocas se rompieron.

Pero esa apenas fue una marca y una señal, de una nueva historia de cercanía, de intimidad, de libertad, de reconciliación entre Dios y los hombres.

No tengas miedo, que tu Salvador viene de camino y trae su premio consigo; su recompensa lo acompaña.

Tú serás llamada "Ciudad Anhelada", "Ciudad no abandonada".


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